
La gigante asiática del video Bilibili lanzó oficialmente su versión internacional Bilibili Xuyi, ya disponible en la App Store de Argentina, con una estrategia orientada a captar creadores fuera de China mediante facilidades de registro y la promesa de ingresos competitivos. Operada por Shanghai Hode Information Technology y enfocada en contenido horizontal y cultura anime, cómics y videojuegos (ACG), la plataforma busca diversificar su audiencia y aumentar su inventario publicitario frente a la intensa competencia del mercado doméstico.
Expansión internacional y estrategia de monetización
El desembarco de Bilibili Xuyi responde a la necesidad de la compañía de mostrar crecimiento sostenido e ingresos diversificados a sus inversores en Nasdaq y HKEX, donde cotiza bajo los símbolos BILI y 9626. Frente a plataformas chinas masivas como WeChat o Douyin, la empresa apunta a nuevos mercados en América Latina, Estados Unidos, Europa y Japón.
Para atraer a la comunidad internacional de creadores, la plataforma impulsa una propuesta basada en beneficios operativos y financieros:
Incentivos económicos: reportes del sector citan ingresos estimados en torno a 0,70 dólares por cada 1 000 reproducciones, aunque la firma aclara que el pago definitivo varía según el país del público, la categoría del contenido y la demanda publicitaria.
Requisitos de ingreso: para monetizar, los canales deben contar con al menos 100 suscriptores y 2 000 visualizaciones públicas válidas, sujetas a revisión de originalidad.
Experiencia de usuario: la aplicación permite la reproducción en segundo plano sin costo adicional y ofrece un proceso de registro simplificado sin verificación estricta de identidad.
Estructura corporativa y proyección de mercado
Aunque Bilibili está sujeta a las regulaciones de la Administración del Ciberespacio de China, su estructura accionaria integra a gigantes tecnológicos como Tencent (~12,5%), Alibaba (~7,5%) y Sony (~5,22%). La llegada de Bilibili Xuyi representa tanto una jugada comercial directa frente a YouTube como un ejemplo de expansión del soft power tecnológico asiático en Occidente.
